lunes, 27 de febrero de 2012

Los tiempos están cambiando

Llevo varias mañanas despertándome con la sensación de que una Era se termina. Se termina leer el periódico en papel, lentamente y con tiempo para hacer el crucigrama. Finaliza la era de la solidez y la certeza, para llegar a la era líquida, la era de los miedos exagerados. Se acaba todo aquello que sea sinónimo de bienestar, al menos eso intentan algunos personajes con cara de tiburón. Siento miedo, pero también percibo que los que vamos a contracorriente ya no contamos para nadie y cada vez somos menos y más viejos, y me da lo mismo. Siento al ver salir el sol, que hay que empezar ya a inventar y crear otro futuro, pues con la prisas, la desolación y la crisis, ninguno tenemos tiempo de pararnos a pensar, y ver que empujados como vamos, nos dirigimos al abismo. 
Considero que ya me importa muy poco lo que otros quieran hacer y decir, y mentir y asustar. 

Otras noches cuando estoy en ese momento que habito justo antes de caer en los sueños y el descanso mas profundo, siento que todo es ya muy feo, que hace falta un nuevo mapa, una nueva escritura, una nueva manera de sentirnos, una nueva manera de huir de tanta cordura, una nueva identidad que mezcle como los antiguos alquimistas el azar y el pensamiento. 
Somos personajes perdidos en una novela que no nos pertenece. Somos si acaso supervivientes en una sala muy oscura, intentando no golpearnos o estrellarnos con algo que nos derribe y nos atonte.
Y por ello reivindico nuestro propio microcosmos, nuestro seguir adelante, nuestro crecer como seres con memoria, con humanidad, con raíces y cultura.  En cualquier lugar es posible vivir sin miedos, sin mentiras y con una sonrisa libre de hipotecas y billetes. Un íntimo rincón elegido para habitarnos en belleza, sin relojes, y amando aquello que hacemos cada jornada.

Esta mañana me di cuenta que no hay sueños, tan solo deseos que se pueden hacer realidad.



sábado, 18 de febrero de 2012

R. Argullol, otro regalo en forma de escrito


Apenas habiéndome dado tiempo a profundizar en el libro: "El cazador de instantes. Cuaderno de travesía (1990-1995)", aparecen siempre en él  imágenes de gran sensualidad e ideas de belleza singular, envoltorios de la gran aventura que siempre es reconocerse y conocer. Mirarse y mirar. Coherencia y espiritualidad. 

Un regalo para leer sin prisas y disfrutando cada página. Para nadar contracorriente, agotarse y en la arena de la playa bajo el sol, sentir el escozor de la sal de la vida y las heridas del naufragio. Tras esta travesía los placeres de la vida, serán mas gozosos y mas plenos.

Comparto algunas perlas entresacadas de estos primeros  instantes de lectura:



Lo inesperado acaece en cada momento. (Suceso)


No debemos evitar las heridas que nos producen ciertos pensamientos cortantes como espadas:un espíritu curtido está inevitablemente lleno de cicatrices. (Cicatrices)


Los momentos de placer parece que vengan de muy lejos: han cruzado la tierra para servirte.(Momentos de placer)


Un hombre entra en la vejez cuando llega a la conclusión de que nada ocurre por primera vez. Un hombre escapa a la vejez cuando concibe la esperanza de llegar a un lugar donde, de nuevo, algo ocurre por primera vez. (Esperanza)







viernes, 10 de febrero de 2012

Almendros en flor: la exactitud de la rama sobre el azul

La magia del sentir brotar una flor. 
Captar ese momento,
un solo instante. Uno.
Una pincelada que congela lo sublime.
Aun algunos  pacientes artistas  japoneses dicen conseguirlo.
El sol en invierno alumbra el azul del cielo sin fin,
lejano
pero próximo.
La tridimensional desnuda  y la realidad sencilla
pero rotunda que nos regala la Naturaleza
desapercibida para nuestra acelerada mirada, es
convertida en belleza por la mano y el alma inquieta del loco del pelo rojo.




Almendros en Flor. Vicent V. Gogh, 1890





jueves, 9 de febrero de 2012

Arte

Hace mas de diez años, visité una exposición en Valladolid, de Jose María Sicilia, el pintor, era una tarde ya cercana a la noche. Entré apresuradamente en el Museo de la Pasión y tras cruzar el umbral un aroma de cera de abejas me envolvió persistiendo en mi durante mucho tiempo. El artista presentaba obras de gran formato. Flores en colores que eran de una gama muy especial. Había pocos cuadros, y eran de gran tamaño. Cera de abeja sobre oleo licuado. Acogimiento, meditación, silencios.
Esta obra de Sicilia, nunca me abandonó, a pesar del paso del tiempo. La recuerdo en ocasiones. Y la relacioné hace unos meses con otra propuesta artística de Paloma Navares.  Experimenta equilibradamente soportes, técnicas, materiales, acercando al espectador de manera sensible enormes fotografías de orquídeas, amapolas, pensamientos, unidas a citas literarias, a imágenes de mujeres, en una armonía que permite leer entre lineas mas allá de la imagen. Igual que Sicilia,  Navares se inspira en los elementos del agua, de la tierra, y  nos trae piedras, canto rodados, erosiones del viento o del sol, elementos milenarios,Cosmos que esta tan presentes como olvidados. Mitos, símbolos, existencia, vida, muerte, todo en carne viva la obra de estos dos artistas.

L'Horabaixa , Sicilia


Orquídeas, Navares