lunes, 14 de mayo de 2012

Y por si quieren quitarnos el paraguas.



Nos reímos de sus vacíos discursos.
Ya no encendemos sus televisiones obstinadas en mostrar obscenas imágenes de su mundo. 
Como ya les ignoramos nos empleamos en querernos y en buscar otros paisajes.

Buscamos la belleza y vivir tranquilos. Honradamente.
Ya hace tiempo que sabíamos que el dinero 
estaba dónde no tenía que estar: en los paraísos fiscales.
 Mal dinero ganado de mala manera.
Ya descubrimos sus mentiras hace años
y sus caretas
y sus vidas de clase alta, de papel cuché.

Por si de repente llovía nos buscamos un parasol.
Valemos mucho más que ellos
y mucho más que los mercados.
Somos personas de dignidad y cabeza alta.
Somos más y mas sensatos.

Por todo ello.
Ya no vivimos en su reino.
Somos otros gracias a que ellos siguen siendo los mismo: Nadies.
Que se vayan ellos.
Que nosotros no nos vamos.
O en todo caso, nos vamos a donde nos plazca.




Pepe Hierro: Cuaderno de Nueva York.



Estábamos, estaban
sumidos en el tiempo.
Desvélalos, nostalgia.
Primavera, despiértalos.

Restituye, regresa
las sombras a su reino.
Dales vida. Recobren
la verdad que tuvieron.

Que el vino les pregunte
con su dorado acento
y que ellos le respondan
con palabras de fuego,

con palabras de sombra
con sonido de viento,
con aroma de bosque
que calla su secreto.


 Numero 326. Poesia Hiperión.
 Editorial Hiperión. 1.998.





Dibujante. Pintor. Fumador. Cráneo prusiano. Poeta. Enorme Poeta con despacho en el Bar La Moderna, de la Avenida de Barcelona en Madrid. De horizonte amplio, no hay más que mirar la mar en sus ojos claros. Bebía Chinchón y dibujaba en humildes servilletas de papel irrepetibles obras de arte, mientra escuchaba o declamaba con voz grave algunos de sus inimitables poemas. Persona sencilla. Renacentista. Voz y palabra escrita.