sábado, 15 de marzo de 2014

"14" Un relato que nos deja con mas hambre de lectura




Descubrí a Jean Echeznoz (Orange, diciembre, 1947) con "Ravel" y ahora por mera casualidad, ejemplar de "14" llegó a mis manos. No se cual fue la razón de que creyera que esta obra sobre la Iª Guerra Mundial era una novela de más de 500 páginas, y resulta que es todo lo contrario. Un breve relato. Miniatura desde el título. Concentrada, sin aspavientos, donde el vocabulario es rico, preciso, no sobra ni un adjetivo. Detallado intento de contar la estupidez bélica, y la historia de unos jóvenes que vieron rotas sus vidas, pensando que iban a una "batalla menor", y acabaron con su inocencia entre ratas, frío, trincheras, hambre y dolor.
Soñaban con volver a casa desde las filas, sanos en unas semanas y fueron 4 años de muertos, mutilados y atrocidades.
Me recuerda su tono narrativo a la gran "Seda" de Baricco.
Oigo su misma voz al leerlo. Poética en prosa. Belleza en cada renglón.
Frases sin diálogos.
Adjetivos bien situados, bien escogidos.
Nos pasea por el calor del agosto vacacional, la sonrisa joven, para hundirnos paginas mas allá en el frío y el gris horizonte, el dolor, el sueño, el hambre, y los cuerpos despedazados de la Guerra inútil y salvaje.
Sus 99 páginas son un espacio hecho a medida para contar de manera magistral una historia
sobre la soledad y fragilidad humana en el marco de la Primera Guerra Mundial.

domingo, 9 de marzo de 2014

El primer sol caido del cielo en Marzo



Haikus de Benedetti


Invierno invierno
el invierno me gusta
si hace calor



la mariposa
recordadá por siempre
que fue gusano

Paco el de Luzia y Jose el de la Isla (cañaillas)



En 1987, Camarón cantaba por París. Los Campos Elíseos estaban llenos de carteles que anunciaban cada 75 metros al de la Isla de San Fernando. Aquí imberbes los dos: Paco y Jose. Creo que una de las pocas veces que he visto reírse y relajado a Paco de Luzía (la Portuguesa) fue en esta foto de ambos. 


Moix, Ana María


También se nos marchó Ana María Moix ,
otra de las chicas de la generación de escritores y escritoras que se bebían la vida.
Matute, Barral, Ginferré, Gil de Biedma, Castellet...
La gauche divine.
Quedan sus libros, sus poemas,
sus vidas, su manera de salvarse de lo feo de la vida
con la literatura, con la amistad, con ese ir a la contra...


El último de los Panero: Leopoldo María

Se fue el más Panero de los Panero, el más convulso y extremo; el último de la saga de los tres hijos de  Felicidad (ironías de los nombres) Blanc (Madrid, 1913 – San Sebastián, 1990) y del  poeta Leopoldo Panero (1909–1962).Presentados en sociedad en la desagosegante película de Chavarri "El desencanto" rodada en la ciudad de Astorga (León) y que en la década de los 90 Ricardo Franco se fijaría de nuevo para filmar "Después de tantos años" (1994), pero esta vez sin la presencia de la madre, ya fallecida. Los vástagos ( Juan Luis (1942–2013), Leopoldo María (1948–2014) y José Moisés, «Michi» (1951–2004)  los tres heridos, elegidos por las letras, por el tabaco, el alcohol y el malditismo. Linaje al desnudo, repleto de conflictos.

Leopoldo María llevaba desde 1986 que ingresó en el psiquiátrico de Mondragón, conviviendo con su locura, escribiendo y fumando. Arrastraba su malditismo, su anti-franquismo, y su formación humanista. Probó las drogas y atacó desde sus escritos la hipocresía y falsedad que le rodeaba. 

Nos deja una inmensa obra poética y narrativa para seguir leyéndole. 


Poema Unas Palabras Para Peter Pan de Leopoldo Maria Panero
“No puedo ya ir contigo, Peter. He olvidado volar, y…
Wendy se levantó y encendió la luz: él
lanzó un grito de dolor… »
James Matthew Barrie, Peter Pan.

Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres -Jane, Margaret-. El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, por la voz de la señora Darling (el barco pirata naufraga, Campanilla cae al suelo sin un grito, los Niños Extraviados vuelven el rostro a sus esposas o toman sus carteras de piel bajo el brazo, Billy el Tatuado saluda cortésmente, el señor Darling invita a todos ellos a tomar el té a las cinco). Las pieles de animales, el polvo mágico que necesitaba de la complicidad de un pensamiento, es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe, pero sí Wendy, Jane, Margaret y los Niños Extraviados. No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling, todo estaba previsto, todos ellos acudirán puntualmente a las cinco, nadie faltará a la mesa. Campanilla necesita a Wendy, las Sirenas a Jane, los Piratas a Margaret. Peter Pan no existe. «Peter Pan, ¿no lo sabías? Mi nombre es Wendy Darling». El río dejó hace tiempo la verde llanura, pero sigue su curso. Conocer el Sur, las Islas, nos ayudará, nos servirá de algo al fin y al cabo, durante el resto de la semana. Wendy, Wendy Darling. Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling.

“Así se fundó Carnaby Street” 1970